Evangelio de Hoy Miércoles 4 de Enero.

Como todos los días, hoy les traemos a ustedes la palabra del señor. Lecturas, Salmo, Aclamación, el Evangelio de Hoy Miércoles 4 de Enero y la homilía diaria.

Al final del artículo encontraran el comentario del Evangelio del día de hoy para todos aquellos que quieran leer una explicación del evangelio, y las homilías diarias.

Memoria de Santa Isabella Ana SetonLeccionario: 207

Lecturas Bíblicas del día de Hoy

Primera Lectura de Hoy

Primera Epístola de San Juan 3, 7-10.

Hijos míos: No dejen que nadie los engañe. Quien practica la santidad es santo, como Cristo es santo. Quien vive pecando, se deja dominar por el diablo, ya que el diablo es pecador desde el principio. Pues bien, para eso se encarnó el Hijo de Dios: para deshacer las obras del diablo.

Ninguno que sea hijo de Dios sigue cometiendo pecados, porque el germen de vida que Dios le dio permanece en él. No puede pecar, porque ha nacido de Dios. En esto se distinguen los hijos de Dios de los hijos del diablo: todo aquel que no practica la santidad, no es de Dios; tampoco es de Dios el que no ama a su hermano. 


Salmo Responsorial de Hoy Salmo 97, 1. 7-8. 9.

Cantemos al Señor un canto nuevo, 
pues ha hecho maravillas. 
Su diestra y su santo brazo
le han dado la victoria.
Toda la tierra ha visto al Salvador.

Alégrense el mar y el mundo submarino, 
el orbe y todos los que en él habitan. 
Que los ríos estallen en aplausos
y las montañas salten de alegría.
Toda la tierra ha visto al Salvador.

Regocíjese todo ante el Señor, 
porque ya viene a gobernar el orbe. 
Justicia y rectitud serán las normas 
con las que rija a todas las naciones.
Toda la tierra ha visto al Salvador.


Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros padres, por boca de los profetas. 
Ahora, en estos tiempos, nos ha hablado por medio de su Hijo.
Aleluya.


Evangelio de Hoy Miércoles 4 de Enero de 2023

Evangelio según San Juan 1, 35-42.

En aquel tiempo, estaba Juan el Bautista con dos de sus discípulos, y fijando los ojos en Jesús, que pasaba, dijo: “Éste es el Cordero de Dios”. Los dos discípulos, al oír estas palabras, siguieron a Jesús.

Él se volvió hacia ellos, y viendo que lo seguían, les preguntó: “¿Qué buscan?” Ellos le contestaron: “¿Dónde vives, Rabí?” (Rabí significa ‘maestro’).

Él les dijo: “Vengan a ver”. Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Eran como las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron lo que Juan el Bautista decía y siguieron a Jesús.

El primero a quien encontró Andrés, fue a su hermano Simón, y le dijo: “Hemos encontrado al Mesías” (que quiere decir ‘el Ungido’). Lo llevó a donde estaba Jesús y éste, fijando en él la mirada, le dijo: “Tú eres Simón, hijo de Juan. Tú te llamarás Kefás” (que significa Pedro, es decir, ‘roca’). 


Comentario y Homilía del Evangelio de hoy Miércoles 4 de Enero.

Ruperto de Deutz (c. 1075-1130)

“Fijándose en Jesús que pasaba”

 “Juan estaba allí, de pie, con dos de sus discípulos cuando Jesús pasaba”. Se trata de una postura corporal que traduce algo de la misión de Juan, de su vehemencia de palabra y de acción.

Pero, según el evangelista, se trata también, más profundamente, de esta viva tensión, siempre presente entre los profetas. Juan no se contentaba con desempeñar exteriormente su papel de precursor. El guardaba en su corazón el vivo deseo de ver a su Señor a quien había reconocido en el bautismo.

Sin duda alguna, Juan tendía hacia el Señor con todo su ser. Deseaba verlo de nuevo, porque ver a Jesús era la salvación para quien le confesaba, la gloria para quien lo anunciaba, la alegría para quien lo mostraba.

Juan se mantiene de pie, alerta por el deseo profundo de su corazón. Se mantenía de pie, esperaba a Cristo todavía oculto en la sombra de su humildad.

“Este es el Cordero de Dios”

Con Juan estaban dos de sus discípulos, de pie como su maestro, primicias de aquel pueblo preparado por el precursor, no por él mismo, sino por el Señor.

Viendo a Jesús que pasaba, Juan dice. “Este es el Cordero de Dios” Prestad atención a las palabras de esta narración. A primera vista, todo parece claro, pero para quien penetra en el sentido más profundo, todo se manifiesta cargado de significado y misterio.

“Jesús pasaba”: Qué significa sino que Jesús vino a participar en nuestra naturaleza humana que pasa, que cambia. Él, a quien los hombres no conocían, se da a conocer y amar pasando entre nosotros. Vino en el seno de la Virgen. Luego, pasó del seno de su madre al pesebre y del pesebre a la cruz, de la cruz al sepulcro, del sepulcro ascendió al cielo…

Nuestro corazón también, si aprende a desear a Cristo como Juan, reconocerá a Jesús cuando pase. Si le sigue, llegará como los discípulos al lugar donde mora Jesús: en el misterio de su divinidad.


Evangelio de Hoy – Agradece Por el Evangelio y La Homilía de Hoy

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