Martes de la IV semana de Cuaresma.
Como todos los días, hoy les traemos a ustedes la palabra del señor. Lecturas, Salmo, Aclamación, el Evangelio de Hoy Martes 17de Marzo y la homilía diaria.
Al final del artículo encontrarán el comentario al Evangelio del día de hoy para todos aquellos que quieran leer una explicación del evangelio, y las homilías diarias.
Lecturas Bíblicas del día de Hoy
Primera Lectura de Hoy 17 de Marzo
Libro de Ezequiel 47, 1-9. 12.
En aquellos tiempos, un hombre me llevó a la entrada del templo. Por debajo del umbral manaba agua hacia el oriente, pues el templo miraba hacia el oriente, y el agua bajaba por el lado derecho del templo, al sur del altar.
Luego me hizo salir por el pórtico del norte y dar la vuelta hasta el pórtico que mira hacia el oriente, y el agua corría por el lado derecho. Aquel hombre salió hacia el oriente, y con la cuerda que tenía en la mano, midió quinientos metros y me hizo atravesar por el agua, que me daba a los tobillos.
Midió otros quinientos metros y me hizo pasar; el agua me daba a las rodillas. Midió quinientos más y me hizo cruzar; el agua me daba a la cintura. Era ya un torrente que yo no podía vadear, pues habían crecido las aguas y no se tocaba el fondo. Entonces me dijo: «¿Has visto, hijo de hombre?»
Después me hizo volver a la orilla del torrente, y al mirar hacia atrás, vi una gran cantidad de árboles en una y otra orilla. Aquel hombre me dijo: «Estas aguas van hacia la región oriental; bajarán hasta el Arabá, entrarán en el mar de aguas saladas y lo sanearán.
Todo ser viviente que se mueva por donde pasa el torrente, vivirá; habrá peces en abundancia, porque los lugares a donde lleguen estas aguas quedarán saneados y por dondequiera que el torrente pase, prosperará la vida. En ambas márgenes del torrente crecerán árboles frutales de toda especie, de follaje perenne e inagotables frutos.
Darán frutos nuevos cada mes, porque los riegan las aguas que manan del santuario. Sus frutos servirán de alimento y sus hojas, de medicina».
Salmo Responsorial de Hoy – Salmo 45, 2-3. 5-6. 8-9.
Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
quien en todo peligro nos socorre.
Por eso no tememos, aunque tiemble,
y aunque al fondo del mar caigan los montes.
Con nosotros está Dios, el Señor.
Un río alegra a la ciudad de Dios,
su morada el Altísimo hace santa.
Teniendo a Dios, Jerusalén no teme,
porque Dios la protege desde el alba.
Con nosotros está Dios, el Señor.
Con nosotros está Dios, el Señor;
es el Dios de Israel nuestra defensa.
Vengan a ver las cosas sorprendentes
que ha hecho el Señor sobre la tierra.
Con nosotros está Dios, el Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Crea en mí, Señor, un corazón puro
y devuélveme tu salvación, que regocija.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Evangelio de Hoy Martes 17 de Marzo de 2026.
Evangelio según San Juan 5, 1-16.
Era un día de fiesta para los judíos, cuando Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las Ovejas, una piscina llamada Betesdá, en hebreo, con cinco pórticos, bajo los cuales yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos. Entre ellos estaba un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.
Al verlo ahí tendido y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo en tal estado, Jesús le dijo: «¿Quieres curarte?» Le respondió el enfermo: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua.
Cuando logro llegar, ya otro ha bajado antes que yo». Jesús le dijo: «Levántate, toma tu camilla y anda». Al momento el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar. Aquel día era sábado. Por eso los judíos le dijeron al que había sido curado: «No te es lícito cargar tu camilla».
Pero él contestó: «El que me curó me dijo: ‘Toma tu camilla y anda’ «. Ellos le preguntaron: «¿Quién es el que te dijo: ‘Toma tu camilla y anda’?» Pero el que había sido curado no lo sabía, porque Jesús había desaparecido entre la muchedumbre.
Más tarde lo encontró Jesús en el templo y le dijo: «Mira, ya quedaste sano. No peques más, no sea que te vaya a suceder algo peor». Aquel hombre fue y les contó a los judíos que el que lo había curado era Jesús. Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado.
Homilía de hoy Martes 17 de Marzo.
Homilía: La Curación del Paralítico en la Piscina de Betesda.
El evangelio de hoy nos presenta la curación del paralítico junto a la piscina de Betesda, episodio que revela tanto la misericordia sanadora de Cristo como la confrontación inevitable entre el amor divino y el legalismo religioso que sofoca la verdadera compasión.
Este relato nos invita a reflexionar sobre la prioridad del bien humano frente al cumplimiento meramente formal de preceptos y sobre la necesidad de conversión integral que acompaña la sanación física.
Jesús sube a Jerusalén para una fiesta judía. Junto a la piscina de Betesda, lugar donde la tradición popular atribuía propiedades curativas al agua cuando era agitada por un ángel, se encontraban multitud de enfermos esperando el momento propicio para sumergirse.
Esta espera revela la sed profunda de sanación que habita en el corazón humano y la búsqueda, frecuentemente mezclada con superstición, de remedios para el sufrimiento.
Entre la multitud, Jesús ve a un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Esta prolongada duración del sufrimiento subraya la gravedad de su condición y la desesperanza acumulada tras décadas de espera infructuosa.
Cristo, conociendo su situación, le dirige una pregunta aparentemente obvia pero profundamente significativa: ¿quieres curarte? Esta interrogación no es superflua. Revela que Dios respeta radicalmente nuestra libertad y no impone la salvación sin nuestro consentimiento.
Además, confronta al enfermo con su propia disposición interior: después de tantos años, ¿mantiene viva la esperanza o se ha resignado a su condición? La respuesta del paralítico manifiesta su impotencia: no tiene quien lo meta en la piscina cuando se agita el agua, y mientras él intenta llegar, otro se le adelanta.
Esta explicación revela su soledad, su vulnerabilidad, su dependencia absoluta de ayuda ajena que nunca llega. Simboliza la condición del ser humano pecador, incapaz de salvarse por sí mismo, necesitado de intervención gratuita.
Jesús pronuncia entonces tres imperativos: levántate, toma tu camilla y camina. Estas palabras constituyen comando creador que opera instantáneamente lo que ordena. El hombre queda curado al instante, toma su camilla y comienza a caminar.
Este triple mandato tiene resonancias profundas: levantarse evoca la resurrección, tomar la camilla significa asumir responsabilidad sobre la propia vida, caminar simboliza el inicio de una existencia nueva.
Sin embargo, aquel día era sábado. Este detalle desencadena la controversia con las autoridades religiosas, quienes reprenden al curado por cargar su camilla en día sagrado, transgrediendo las interpretaciones rabínicas sobre el descanso sabático. Su preocupación legalista es tan obsesiva que son incapaces de alegrarse por la sanación extraordinaria acontecida.
El curado responde con lógica irrefutable: quien me curó me dijo que tomara mi camilla. Si tiene poder para sanar, su autoridad supera las interpretaciones humanas sobre el sábado. Posteriormente, Jesús lo encuentra en el templo y le advierte: mira, has quedado sano; no peques más para que no te suceda algo peor.
Esta advertencia revela la conexión misteriosa entre sanación física y conversión moral. La curación corporal debe conducir a transformación espiritual. El mayor peligro no es la enfermedad física sino el pecado que enferma el alma.
Que este evangelio nos enseñe a priorizar la misericordia sobre el formalismo y a buscar sanación integral en Cristo.
Evangelio de Hoy – Agradece
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